typk. Vi L'Humanite, de Bruno Dumont, cuando la estrenaron en la Argentina. La pusieron en el Lorca. Se escuchaban las risitas del público cuando el pibe o señor le hociqueaba el sobaco a la vecina, una rubia de huesos grandes que tomaba sol en la vereda y era la novia de su amigo. Al final o cerca del final está cavando un pozo, en un cementerio creo, y de pronto levanta la vista para ver a lo lejos no sé qué. Recuerdo haber tenido la impresión de que despegaba del suelo unos cuantos centímetros mientras se hacía visera con una mano, aunque me quedó la duda si fue una ilusión óptica, una distracción mía, o efectivamente era la idea. A la tarde vi Flandres, que se le parece bastante. En fin, en el sentido de que los cuerpos parecen escucharse desde adentro. Y tener un peso definitivo. Por lo demás, la felicidad de la chica es querer a los muchachos del lugar, abarazarlos, darles algún tipo de calor, y dejarlos que se vacíen entre sus piernas. El ángel, ahora, es una mujer, si es que una mujer es una mujer.swrt. De Cormac McCarthy leí hace unos años Ciudades de la llanura y me gustó. Motivado por la película leo No es país para viejos y me resulta... demasiado coeniana, o sea, un bodrio chispeante y lleno de ocurrencias. Se dirá: Se te cuela la película en la lectura. Pero se me cuela si quiero, y si no quiero no. Cuando la dejo (bueno, tampoco puedo tanto, de acuerdo). Además la película, más allá de un par de nombres propios en la plantilla, tiene algunas coeneadas pero estas no llegan a tragársela. Doña Papada, que regentea la playa de remolques. Ese Chigurh, por lo general tan impoluto... evidentemente tiene que ver con abstraerlo del contexto natural y cultural para difuminar o poner en dudas su humanidad, pero ese peinado navío cae del lado de la excentricidad humorada de los hermanos. La esposa de Moss, que le habla como si fuera un osito de peluche (igual que en Fargo), aplastados en el sofá frente al televisor. En la novela cada uno es el osito de peluche del otro. Y las coeneadas, créanme si quieren, metralla. En suma, que salvo algunos agujeros la novela parece la versión de los hermanos Coen sobre una película de Cormac McCarthy. Pero la verdad tampoco tanto. El asunto es que cada coeneada de la película tiene su versión excesiva en la novela, y muchas más. (Lo que importa una mierda. Otra cosa sería que me clave King Kong).
Recorte: Ella se acomodó en la silla y lo observó. Quieres que vaya a Odessa, dijo
Exacto.
Me tomas el pelo, ¿verdad?
¿Yo? No, ni mucho menos. ¿Se ha terminado la confitura?
Ella se levantó y sacó la confitura de la heladera y la dejó en la mesa y se volvió a sentar. Él abrió el tarro y echó un poco en la tostada y la extendió con el cuchillo.
¿Qué hay en esa maleta que trajiste?
Ya te dije lo que había.
Dijiste que estaba llena de dinero.
Entonces supongo que eso es lo que hay dentro.
¿Dónde está?
Debajo de la cama, en el cuarto de atrás.
Debajo de la cama.
Sí.
¿Puedo ir a mirar?
Eres una mujer blanca y libre y mayor de edad, conque supongo que puedes hacer lo que quieras.
Aún no tengo veintiún años.
Bueno, pues los que tengas.
Y quieres que suba a un autobús y me vaya a Odessa.
Tú vas a subir a un autobús y te irás a Odessa.
¿Qué voy a decirle a mamá?
Prueba a llamar a la puerta y gritar: Mamá, estoy en casa
zxcv. Este zapato regresa entonces con su lectura al siglo dos o tres, o al quince o diecisesis. No es mundo este para viejos.
PIL; that what is not
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Interrumpe mi pereza, el vecino Werte, preguntando, sugiriendo, si tengo ganas de meterme en camisa de once varas contando en el Cabaret algo sobre Nepal, en una línea o dos mil, de una o en series y sin quemar cabeza o lo que queda de ella (esto último lo digo yo). Lo de la camisa de once varas también lo digo yo, porque no me quiero hacer responsable de las consecuencias, si el Cabaret pierde clientela: hago como Pilatos. Acá vengo a refugiarme, tomar una copa y escuchar al vecindario, no al revés.

Iba en el 39 con mis papeles y mis auriculares. Empieza a sonar Los sabiondos, de la Polla, y se me prendió la lamparita: Ey, por acá está la feria del libro. Me tomo un recreo. ¿Quién es mi jefe al final? Nadie. O sea, el sistema en general. Mis necesidades reales e inventadas. La inflación rampante del abl. Las expensas. La publicidad gubernamental en el Grupo Clarín. Los sueldos de los diputados del ari. Los dineros a la Fundación Axel. El tren bala y el futuro eterno subsidio a su selecta clientela. El fantasma improbable de una jubilación argentina. Las aceitunas sin carozo. La policía bonaerense. Los incobrables de Karina Rabolini en el Banco Provincia. La Hummer de la brujita Verón. La deuda externa y el superávit de las cuentas públicas. Uf. O me merezco un descanso o me voy a un walden.
Uno. Los otros. Todo lo demás. La basurilla mental de los tipos. Debí decirle lo de La Polla: