zasw. [...] Día tras día las informaciones periodísticas dan cuenta de estas volátiles conclusiones llevadas a cabo por presuntos centros de estudios o universidades que vuelcan su saber, estudios y consejos en resultados tan extravagantes como inciertos. Los lectores estamos bombardeados por informes seudo científicos que alertan sobre los beneficios eróticos del chocolate, el arroz, el cabernet-sauvignon o la ingesta de semillas de girasol. Cada tanto, por períodos, estas afirmaciones se revierten y demuestran lo contrario. Comer barras de cereales es bueno, comer barras de cereales es malo. El vino destruye, el vino favorece el corazón. Una de las más sugestivas alertas mediáticas en torno a la salud comunitaria surgió de una universidad de Corea del Sur: el té verde, que antes se creía antioxidante, ahora sería pernicioso para la memoria. Curioso: como si la memoria fuera la capacidad de recordar y no –precisamente- de olvidar. Los nipones que comen gato serían menos ágiles que los se alimentan de fideos de arroz. El mono, se ha demostrado, es hijo del hombre del futuro.La vulgarización del cientificismo, opuesto al saber científico, ha llegado a una frivolización tal que –en lugar de aplicarse al bien común- se desvive por una sola cosa: la competencia mediática. Mientras pueriles investigadores se aplican a demostrar que el maquillaje femenino en demasía “espanta” a los hombres, otros estudios han revelado que el maquillaje femenino atrae a los hombres de más de cuarenta. Son datos que circulan en todos los medios. Día tras día conviene el brócoli y día tras día debemos evitar el brócoli hervido en demasía. Lo mismo puede decirse del idioma gestual, de la vestimenta, del color de piel, de las bebidas, de hábito de comer carne, zanahorias, o morcilla vasca. La espinaca, que era buena para Popeye, ya carece de todo valor energético. [...] (Gabriel Báñez).
xcvf. Se le hace una pequeña visita al jefe a finales de año, justo antes de las fiestas de Navidad, y se le mata como a un cerdo, es decir, que se toma la precaución de dejarle desangrarse durante un tiempo para que su carne quede bien blanca. Una vez que la cabeza se ha cortado de tajo, se la deja chorrear. Después, se mete en agua hirviendo durante media hora aproximadamente. Al cabo de este tiempo se retira, se saca del agua hirviendo y se introduce en agua fría para refrescarla. Es sorprendente cómo la cabeza del jefe ha cambiado ya en ese momento. Su pelo se ha vuelto blanco y su mirada, aunque sigue siendo maliciosa, tiene cierto aire soñador. [...] (Puré de cabeza de jefe).
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Buscando información sobre el músico y cantante Pyotr Mamonov (líder o alma máter de Zvuki Mu, una especie de Tom Waits moscovita, sin abusar del paralelo) me entero de que es actor. En Ostrov (Pavel Lungin, 2006) representa al Padre Anatoli, monje de un monasterio ortodoxo del norte de la URSS. En realidad no recuerdo que se trate del norte, y no sé si la película da alguna precisión al respecto más allá del mar y el paisaje casi siempre congelado. Se trata de una inferencia salvaje de mi parte, además con premisas geográficas y raciales, dos materias en las que soy ignorante. Por otra parte, he estado viendo unas cuantas películas escenificadas en el frío, cosa que suelo hacer como una forma de lamento cuando asoma el verano (creo que soy una foca u oso polar que por error fue arrojado en esta triste carne, entre soretes como Mirta Legrand y Mauricio Macri), y tengo todas las postales mezcladas.
En el Cabaret todo el mundo vio Argentina-Uruguay. Lo mejor del partido fue la conferencia de prensa posterior, Maradona atrás de una botellita de Coca Cola, con la sangre en el ojo.